La influencia de la mente sobre la enfermedad

Resulta obvio como cada persona asume su enfermedad e una manera muy personal y que esta visión está influenciada por muchos factores diversos como la personalidad del paciente, su edad, su estado de salud previos, su apoyo familiar y un sin fin de circunstancias que nos rodean a cada uno como personas.

Sin embargo como Médico, no deja de llamarme la atención como una misma enfermedad con una evolución y comportamiento semejantes, puede afrontarse de dos maneras completamente distintas y de este modo condicionar la calidad de vida del paciente y puede que hasta su pronóstico.

Hace aproximadamente unos dos años diagnosticamos a un paciente joven de unos 40 años, de un tumor maligno maxilar, por lo que intervenimos al paciente para realizar la extirpación del tumor acompañada de una disección cervical ganglionar y una reconstrucción microquirúrgica del defecto. Por las características histológicas del tumor, se decidió completar el tratamiento con raimagesdioterapia. Durante las últimas semanas, he evidenciado en las revisiones en consulta del paciente, como su estado de ánimo ha decaído, se ha aislado en casa y se ha autolimitado para la mayoría de las actividades cotidianas, para las que objetivamente no tiene ningún limitación. Su mayor frustración, según refiere, es la sequedad oral secundaria a la radioterapia, que según refiere le limita para salir a la calle, dormir y quedar con amigos. Su estado de salud es bueno, el tumor está actualmente en remisión y como os comento no tiene, salvo la sequedad de boca, ningún otro problema físico. Sin embargo, su forma de afrontar este problema le ha llevado a una situación de aislamiento que está condicionando su vida y la de su familia.

Al mismo tiempo, tengo otro paciente, de unos 70 años, intervenido de un tumor mandibular que ha recidivado en dos ocasiones por lo que ha tenido que ser reintervenido y además ha recibido tratamiento adyuvante con radio y quimioterapia. Actualmente presenta una nueva recidiva por lo que tendrá que recibir nuevos ciclos de quimioterapia y su estado de salud basal es objetivamente peor que el del paciente. Sin embargo, él afronta la vida con plenitud, con ganas y optimismo. Siempre está animado ,no sólo no ha dejado de realizar su actividad cotidiana si no que incluso es más activo que antes de la enfermedad. Tiene ganas de vivir la vida y de disfrutar de su familia y amigos.

Estas dos situaciones son intrínsecas a cada persona y como médicos nuestra misión es brindar toda nuestra ayuda a cada paciente para recuperar su vida cotidiana. Pero incluso cuando hacemos todo lo posible, aplicamos las técnicas y los protocolos más actualizados, hay factores que se escapan de nuestras manos y uno de ellos es sin duda la forma en cada uno afronta su enfermedad

Para mí resulta muy frustrante ver como este chico, actualmente libre de enfermedad, se ha encerrado en si mismo y se ha limitado hasta el punto de no salir a la calle. Nuestro trabajo sirve de poco si él no puede reintegrarse e su día a día. Cada semana intento hablar con él para intentar hacerle ver que él puede poner mucho de su parte para cambiar estas condiciones, que tiene que dejarse ayudar por nosotros y por los psicólogos para recuperar poco a poco su vida. Le cuento el ejemplo del otro paciente y el de muchos otros que han afrontado la enfermedad con entereza y siguen día a día intentado disfrutar de su Unknownvida mientras luchan contra un cáncer que puede volver a dar la cara en cualquier momento. Le cuento situaciones mucho peores por las que atraviesan muchas otras personas para que intente relativizar el problema. Pero él continúa encerrado en sí mismo y no quiere recibir ayuda psicológica. Me imagino que no es fácil vivir con esa espada de Damocles pero como le digo a él, ninguno de nosotros, incluso sin haber padecido un cámedadncer, estamos exentos de que hoy sea nuestro último día.

Así tenemos dos pacientes completamente opuestos, uno libre de enfermedad que lleva una vida completamente limitada como si presentara enfermedad activa. Y otro con enfermedad activa que afronta la vida conimages-1 la ilusión de un adolescente. La cirugía del primero puede haber sido un éxito quirúrgico pero no hemos conseguido curar al paciente. El segundo paciente por el contrario a pesar de seguir conviviendo con la enfer, vive como si no la tuviera.

Nuestro objetivo al final es que los pacientes no sólo vivan, si no que lo hagan en las mejores condiciones posibles. Por eso, cada día, intento hacer ver a mis pacientes que su enfermedad es una cosa en la que ellos juegan un papel primordial y que sólo juntos podemos conseguir los mejores resultados.

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